Español
Cuando subimos a bordo, el rey se me echó encima, me agarró por el cuello de la camisa y me dijo:
—¡Tratando de darnos esquinazo, eh, granuja! ¿Cansado de nuestra compañía?
Yo dije:
—No, su majestad, no lo estábamos—_por favor_, su majestad, no lo haga.
—Pues rápido, y cuéntanos cuál _era_ tu idea, o te sacudo hasta que te salgan las tripas por la boca.
—De verdad, le contaré todo tal como pasó, su majestad. El hombre que me sujetaba fue muy bueno conmigo, y no paraba de decir que había tenido un chico más o menos de mi tamaño que murió el año pasado, y que le daba pena ver a un muchacho en un aprieto tan peligroso; y cuando todos se llevaron una sorpresa al encontrar el oro y se abalanzaron hacia el ataúd, él me soltó y me susurró: «Salga corriendo ahora, o lo van a colgar, seguro». Y salí pitando. No me pareció que sirviera de nada que _yo_ me quedara—no podía hacer nada, y no quería que me colgaran si podía escapar. Así que no paré de correr hasta que encontré la canoa; y cuando llegué aquí le dije a Jim que se apurara, o me alcanzarían y me colgarían, y dije que temía que usted y el duque ya no estuvieran vivos, y lo sentía muchísimo, y lo mismo Jim, y nos alegramos un montón cuando los vimos venir; puede preguntarle a Jim si no fue así.
Jim dijo que sí; y el rey le dijo que se callara, y soltó: «¡Oh, claro, es _muy_ probable», y me volvió a sacudir, y dijo que pensaba ahogarme. Pero el duque dijo:
—Suelta al chico, idiota viejo. ¿_Tú_ habrías hecho algo distinto? ¿Acaso preguntaste por _él_ cuando te soltaron? _Yo_ no me acuerdo.
Así que el rey me soltó y empezó a maldecir el pueblo y a todos los del lugar. Pero el duque dijo:
—Más te valdría mandarte callar y maldecirte a _ti mismo_, porque eres el que más lo merece. No has hecho una sola cosa con sentido desde el principio, excepto salir tan fresco y descarado con esa marca imaginaria de flecha azul. Eso _sí_ fue listo—estuvo de veras bueno; y fue lo que nos salvó. Porque si no hubiera sido por eso, nos habrían metido en la cárcel hasta que llegara el equipaje de esos ingleses—y entonces—el penitenciario, ¡apuesta! Pero ese truco los llevó al cementerio, y el oro nos hizo un favor aún mayor; porque si esos tontos excitados no hubieran soltado todo y se hubieran abalanzado a mirar, esta noche dormiríamos con nuestras corbatas puestas—corbatas garantizadas para _durar_, también—más tiempo del que _nosotros_ las necesitaríamos.
Se quedaron callados un momento—pensando; luego el rey dijo, como distraído:
—Mf. Y pensamos que los _negros_ lo habían robado.
¡Eso me hizo retorcerme!
—Sí —dijo el duque, lento, deliberado y sarcástico—, _nosotros_ lo pensamos.
Después de como medio minuto, el rey arrastra las palabras:
—Por lo menos, _yo_ lo pensé.
El duque dice, de la misma manera:
—Por el contrario, _yo_ lo pensé.
El rey se encrespa un poco y dice:
—Mira, Bilgewater, ¿a qué te refieres?
El duque dice, bastante vivo:
—Cuando llegue el caso, quizá me permitas preguntarte, ¿a qué te _referías_ tú?
—¡Bah! —dice el rey, muy sarcástico—; pero _yo_ no sé—quizá estabas dormido y no sabías lo que hacías.
El duque se eriza ahora y dice:
—Oh, deja ya ese condenado disparate; ¿me tomas por un maldito tonto? ¿No crees que _yo_ sé quién escondió ese dinero en el ataúd?
—_Sí_, señor. Sé que lo sabe, porque lo hizo usted mismo.
—¡Es una mentira! —y el duque se le fue encima. El rey grita:
—¡Quita las manos! ¡Suéltame la garganta! ¡Me retracto de todo!
El duque dice:
—Pues primero confiesa que _tú_ escondiste ese dinero ahí, con la intención de darme esquinazo un día de estos, volver a desenterrarlo y quedártelo todo.
—Espera un momento, duque—respóndeme esta sola pregunta, honesta y claramente; si no pusiste tú el dinero ahí, dilo, y te creeré, y me retracto de todo lo que dije.
—Viejo sinvergüenza, no lo puse, y lo sabes. ¡Ahí está!
—Pues entonces te creo. Pero respóndeme solo esta otra—ahora _no_ te enfades; ¿no tuviste en mente quedarte con el dinero y esconderlo?
El duque no dijo nada por un rato; luego dijo:
—Bueno, no me importa si lo _pensé_, pero no lo _hice_, de todos modos. Pero tú no solo lo pensaste, sino que lo _hiciste_.
—Que me muera si lo hice, duque, y eso es honesto. No diré que no _iba_ a hacerlo, porque _sí_; pero tú—quiero decir alguien—se me adelantó.
—¡Es una mentira! Tú lo hiciste, y tienes que _decir_ que lo hiciste, o...
El rey empezó a gorjear, y luego jadea:
—¡Basta! _¡Lo confieso!_
Me alegró mucho oírle decir eso; me hizo sentir mucho más tranquilo de lo que me sentía antes. Así que el duque lo soltó y dijo:
—Si lo niegas otra vez te ahogo. Bien te sienta estar ahí lloriqueando como un bebé—te queda bien, después de cómo te has portado. Nunca vi un viejo avestruz que quisiera tragarse todo—y yo confiando en ti todo el tiempo, como si fueras mi propio padre. Deberías haber tenido vergüenza de estar ahí parado y oír que le echaban la culpa a un montón de pobres negros, y no decir ni una palabra por ellos. Me siento ridículo de pensar que fui tan bobo de _creer_ esa basura. Maldito seas, ya veo por qué tenías tanta prisa por cubrir el déficit—querías quedarte con el dinero que saqué del Nonesuch y de una cosa u otra, ¡y arrebatarlo _todo_!
El rey dice, tímido y todavía sorbiendo por la nariz:
—Pero duque, fuiste tú quien dijo que cubriéramos el déficit; no fui yo.
—¡Cállate! No quiero oírte más —dice el duque—. Y _ahora_ ves lo que sacaste. Recuperaron todo su dinero, y todo el _nuestro_ menos un par de monedas. ¡Vete a la cama, y no me vengas con más déficits mientras _vivas_!
Así que el rey se escabulló en el wigwam y se agarró a su botella para consolarse, y antes de mucho el duque atacó _su_ botella; y así, en como media hora, estaban tan unidos como ladrones, y cuanto más borrachos se ponían, más cariño se tenían, y se quedaron roncando en los brazos el uno del otro. Los dos se pusieron muy melosos, pero noté que el rey no se puso tan meloso como para olvidar recordar que no debía negar otra vez lo de haber escondido la bolsa de dinero. Eso me dejó tranquilo y satisfecho. Claro que cuando se pusieron a roncar tuvimos un largo charloteo, y le conté todo a Jim.