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Ya nos hemos lanzado audazmente sobre lo profundo; pero pronto estaremos perdidos en sus inmensidades sin orillas ni puertos. Antes de que esto suceda; antes de que el casco cubierto de algas del Pequod ruede lado a lado con los cascos barnizados de barnáculos del leviatán; desde el principio conviene atender a un asunto casi indispensable para un aprecio cabal de las más especiales revelaciones y alusiones leviatánicas de toda clase que han de seguirse.
Es alguna exhibición sistematizada de la ballena en sus amplios géneros lo que ahora quisiera poner ante vosotros. Mas no es tarea fácil. Nada menos que un sistema de los constituyentes de un caos es aquí intentado. Escuchad lo que las mejores y más recientes autoridades han sentado.
«Ninguna rama de la Zoología está tan enmarañada como aquella que se titula Cetología», dice el capitán Scoresby, A.D. 1820.
«No es mi intención, aun si estuviera en mi poder, entrar en la indagación sobre el verdadero método de dividir los cetáceos en grupos y familias. * * * Existe absoluta confusión entre los historiadores de este animal» (cachalote), dice el cirujano Beale, A.D. 1839.
«Incapacidad de proseguir nuestra investigación en las insondables aguas.» «Velo impenetrable que cubre nuestro conocimiento de los cetáceos.» «Un campo sembrado de espinas.» «Todas estas incompletas indicaciones no sirven sino para torturarnos a los naturalistas.»
Así hablan de la ballena el gran Cuvier, y John Hunter, y Lesson, aquellas luces de la zoología y la anatomía. No obstante, aunque del verdadero conocimiento hay poco, de libros hay en cambio abundancia; y así, en algún pequeño grado, con la cetología, o la ciencia de las ballenas. Muchos son los hombres, pequeños y grandes, viejos y nuevos, gente de tierra y gente de mar, que han escrito de la ballena, extensa o brevemente. Recorramos algunos:—Los Autores de la Biblia; Aristóteles; Plinio; Aldrovandi; Sir Thomas Browne; Gesner; Ray; Linnæus; Rondeletius; Willoughby; Green; Artedi; Sibbald; Brisson; Marten; Lacépède; Bonneterre; Desmarest; Barón Cuvier; Frederick Cuvier; John Hunter; Owen; Scoresby; Beale; Bennett; J. Ross Browne; el Autor de Miriam Coffin; Olmstead; y el Rev. T. Cheever. Pero a qué propósito generalizador último todos estos han escrito, lo mostrarán los extractos antes citados.
De los nombres en esta lista de autores de ballenas, solo los que siguen a Owen vieron ballenas vivas; y apenas uno de ellos fue un verdadero arponero y ballenero profesional. Me refiero al capitán Scoresby. Sobre el tema separado de la ballena groenlandesa o ballena franca, él es la mejor autoridad existente. Pero Scoresby no sabía nada y no dice nada del gran cachalote, en comparación con el cual la ballena groenlandesa es casi indigna de mención. Y aquí sea dicho, que la ballena groenlandesa es una usurpadora del trono de los mares. Ni siquiera es de ningún modo la mayor de las ballenas. Sin embargo, debido a la larga prioridad de sus pretensiones, y a la profunda ignorancia que, hasta hace unos setenta años, rodeaba al entonces fabuloso u oculto cachalote, ignorancia que hasta el día de hoy reina en todas partes salvo en algunos pocos retiros científicos y puertos balleneros; esta usurpación ha sido completa por todos lados. La referencia a casi todas las alusiones leviatánicas en los grandes poetas de días pasados, os satisfará de que la ballena groenlandesa, sin rival alguno, era para ellos el monarca de los mares. Pero al fin ha llegado el tiempo de un nuevo pregón. Esto es Charing Cross; oíd, buen pueblo todo,—la ballena groenlandesa está depuesta,—el gran cachalote reina ahora!
Solo hay dos libros existentes que de algún modo pretenden poner ante vosotros al cachalote vivo, y al mismo tiempo, en el grado más remoto, logran el intento. Esos libros son los de Beale y Bennett; ambos en su tiempo cirujanos de balleneros ingleses de los Mares del Sur, y ambos hombres exactos y fiables. La materia original tocante al cachalote que ha de hallarse en sus volúmenes es necesariamente escasa; pero en cuanto llega, es de excelente calidad, aunque en su mayor parte confinada a descripción científica. Hasta ahora, sin embargo, el cachalote, científico o poético, no vive completo en literatura alguna. Muy por encima de todas las otras ballenas cazadas, suya es una vida no escrita.
Ahora las varias especies de ballenas necesitan alguna clase de clasificación popular comprensiva, si solo un esquema fácil por el presente, por llenarse más adelante en todos sus departamentos por labradores subsecuentes. Como ningún mejor hombre avanza para tomar este asunto a cargo, ofrezco aquí mis propios pobres esfuerzos. No prometo nada completo; porque cualquier cosa humana supuesta completa, ha de por esa misma razón ser infaliblemente defectuosa. No pretenderé una descripción anatómica minuciosa de las varias especies, o—en este lugar al menos—gran cosa de descripción alguna. Mi objeto aquí es simplemente proyectar el borrador de una sistematización de la cetología. Soy el arquitecto, no el constructor.
Pero es una tarea pesada; ningún ordinario clasificador de cartas en la Oficina de Correos es igual a ella. Hurgonear hasta el fondo del mar tras ellas; tener las manos entre los indecibles cimientos, costillas, y aun pelvis del mundo; esto es cosa temible. ¿Qué soy yo para intentar enganchar la nariz de este leviatán! Los espantosos sarcasmos en Job bien podrían aterrarme. ¿Hará él (el leviatán) pacto contigo? He aquí que vana es la esperanza de él! Pero he nadado a través de bibliotecas y navegado a través de océanos; he tenido que ver con ballenas con estas manos visibles; voy en serio; y lo intentaré. Hay algunos preliminares que asentar.
Primero: La incierta, inestable condición de esta ciencia de la Cetología es en el mismo vestíbulo atestiguada por el hecho, de que en algunos lugares aún permanece en duda si la ballena es pez. En su Sistema de la Naturaleza, A.D. 1776, Linnæus declara: «Por la presente separo las ballenas del pez.» Pero de mi propio conocimiento, sé que hasta el año 1850, tiburones y sábalos, arenques y sardinas, contra el expreso edicto de Linnæus, se hallaban aún dividiendo la posesión de los mismos mares con el Leviatán.
Los fundamentos sobre los cuales Linnæus quisiera haber desterrado las ballenas de las aguas, los expone así: «Por causa de su cálido corazón bilocular, sus pulmones, sus párpados móviles, sus huecos oídos, penem intrantem feminam mammis lactantem», y finalmente, «ex lege naturæ jure meritoque». Sometí todo esto a mis amigos Simeon Macey y Charley Coffin, de Nantucket, ambos compañeros míos en cierto viaje, y ellos unieron su opinión en que las razones expuestas eran del todo insuficientes. Charley insinuó profanamente que eran un embuste.
Sepáse que, prescindiendo de todo argumento, tomo el buen y viejo terreno de que la ballena es un pez, y requiero al santo Jonás para que me respalde. Sentada esta cosa fundamental, el punto siguiente es, en qué respecto interno difiere la ballena de otros peces. Arriba, Linnæus os ha dado esos ítems. Pero en breve, estos son: pulmones y sangre caliente; mientras que, todos los otros peces son sin pulmones y de sangre fría.
Luego: ¿cómo definiremos la ballena, por sus externos obvios, de modo de etiquetarla conspicuamente para todo tiempo venidero? Para ser breve, pues, una ballena es _un pez que exhala y tiene cola horizontal_. Ahí la tenéis. Por muy contraída, esa definición es el resultado de meditación expandida. Una morsa exhala mucho como una ballena, pero la morsa no es pez, porque es anfibia. Pero el último término de la definición es aún más cogente, acoplado con el primero. Casi cualquiera ha de haber notado que todos los peces familiares a la gente de tierra no tienen cola plana, sino vertical, o de arriba abajo. Mientras que, entre los peces que exhalan la cola, aunque pueda estar similarmente formada, invariablemente asume una posición horizontal.
Por la definición arriba de lo que es una ballena, de ningún modo excluyo de la hermandad leviatánica criatura marina alguna hasta aquí identificada con la ballena por los mejor informados nantucketenses; ni, por otra parte, enlazo con ella pez alguno hasta aquí autoritativamente regardado como ajeno.* Por tanto, todos los menores, exhalantes, y de cola horizontal peces han de ser incluidos en este plano general de la Cetología. Ahora, pues, vengan las grandes divisiones de toda la hueste ballenera.
*Soy consciente de que hasta el presente tiempo, el pez llamado Lamatins y Dugongs (Pez-cerdo y Pez-puerco de los Coffin de Nantucket) son incluidos por muchos naturalistas entre las ballenas. Pero como estos peces-cerdo son un conjunto ruidoso y despreciable, merodeando la mayoría en las bocas de los ríos, y alimentándose de heno mojado, y especialmente como no exhalan, les niego sus credenciales como ballenas; y les he presentado sus pasaportes para salir del Reino de la Cetología.
Primero: Según la magnitud divido las ballenas en tres primarios LIBROS (subdivisibles en CAPÍTULOS), y estos comprenderán a todas, tanto pequeñas como grandes.
I. LA BALLENA EN FOLIO; II. la BALLENA EN OCTAVO; III. la BALLENA EN DUODECIMO.
Como tipo del FOLIO presento el _Cachalote_; del OCTAVO, el _Calderón_; del DUODECIMO, el _Marsopa_.
FOLIOS. Entre estos incluyo aquí los siguientes capítulos:—I. El _Cachalote_; II. la _Ballena Franca_; III. la _Ballena de Aleta_; IV. la _Ballena Jorobada_; V. la _Ballena de Lomo de Navaja_; VI. la _Ballena de Fondo Azufre_.