Español
En la cofa de proa.
(Stubb solo, remendando un brandal.)
¡Ja! ja! ja! ja! ejem... ¡despejar la garganta! —Llevo pensándolo desde entonces, y ese ja, ja es la consecuencia final. ¿Por qué? Porque una risa es la respuesta más sabia y fácil a todo lo raro; y pase lo que pase, siempre queda un consuelo: ese consuelo infalible es que todo está predestinado. No oí toda su charla con Starbuck; pero a mi pobre ojo Starbuck parecía entonces algo como yo me sentí la otra noche. Seguro que el viejo Mogol también lo tiene cogido. Lo atisbé, lo supe; tuve el don, habría podido profetizarlo de sobra —pues cuando clavé el ojo en su cráneo lo vi. Bien, Stubb, _sabio_ Stubb —ese es mi título— bien, Stubb, ¿qué hay de eso, Stubb? Aquí hay un cadáver. No sé todo lo que pueda venir, pero sea lo que sea, iré a ello riendo. ¡Qué guasa y qué guiño malicioso se esconde en todos vuestros horrores! Me siento divertido. Fa, la, lirra, skirra. ¿Qué estará haciendo ahora mi jugosita perita en casa? ¿Llorando a lágrima viva? —Dándole una fiesta a los últimos arponeros llegados, apostaría, alegre como el gallardete de una fragata, y yo también lo estoy —fa, la, lirra, skirra. Oh—
Beberemos esta noche con corazón ligero, A un amor tan alegre y fugaz Como burbujas que nadan en el borde del vaso, Y estallan en los labios al besarse.
¡Buena tonada esa! —¿quién llama? ¿Señor Starbuck? Sí, sí, señor —(aparte) es mi superior, también tiene la suya, si no me equivoco—. Sí, sí, señor, acabo de terminar este trabajo, ya voy.