Español
El diablillo que tenía a su cargo a Tarras terminó con él aquella noche y, según lo acordado, fue en ayuda de los otros dos para ayudarles a vencer a Iván. Al llegar al campo arado, buscó a sus compañeros con la mirada, pero solo encontró el agujero por el que uno había desaparecido; y al ir al prado descubrió la cola cortada del otro, y en el campo de centeno halló otro agujero más.
«Bien», pensó, «está bastante claro que mis compañeros han sufrido una gran desgracia, y que tendré que ocupar su lugar y arreglar la disputa entre los hermanos.»
El diablillo se puso entonces en busca de Iván. Pero él, habiendo terminado con el campo, no aparecía por ninguna parte. Había ido al bosque a cortar troncos para construir casas para sus hermanos, pues les resultaba incómodo vivir tantos bajo el mismo techo.
El diablillo por fin descubrió su paradero, y yendo al bosque trepó a las ramas de los árboles y comenzó a entorpecer el trabajo de Iván. Iván cortaba un árbol, que sin embargo no conseguía caer al suelo, quedando enredado entre las ramas de otros árboles; aun así lograba derribarlo tras un duro forcejeo. Al cortar el siguiente árbol se encontró con las mismas dificultades, y también con el tercero. Iván había supuesto que podría cortar cincuenta árboles en un día, pero no consiguió cortar más que diez antes de que la oscuridad pusiera fin a sus labores por un tiempo. Estaba ya agotado y, sudando abundantemente, se sentó solo en el bosque a descansar. Poco después reanudó su trabajo, cortando un árbol más; pero el esfuerzo le produjo un dolor en la espalda, y se vio obligado a descansar de nuevo. Al ver esto, el diablillo rebosaba de alegría.
«Bien —pensó—, ahora está agotado y dejará de trabajar, y yo también descansaré.» Se sentó entonces sobre unas ramas y se regocijó.
Iván se levantó de nuevo, sin embargo, y tomando su hacha, asestó al árbol un golpe terrible desde el lado opuesto, que lo derribó al instante al suelo, arrastrando consigo al diablillo; e Iván, procediendo a cortar las ramas, encontró al diablo vivo. Muy asombrado, Iván exclamó:
—¡Mira! ¡Qué inmundicia! ¿Otra vez estás aquí?
—Soy otro —respondió el diablo—. Estaba con tu hermano Tarras.
—Bueno —dijo Iván—, eso no hace diferencia; te arreglaré. Y estaba a punto de darle un golpe con el hacha cuando el diablo suplicó:
—No me mates, y tendrás todo lo que desees.
Iván preguntó:
—¿Qué puedes hacer?
—Puedo hacerte tener todo el dinero que desees.
Iván le dijo entonces al diablo que podía proceder, con lo cual este comenzó a explicarle cómo podría hacerse rico.
—Toma —le dijo a Iván—, las hojas de esta encina y frótalas entre tus manos, y el oro caerá al suelo.
Iván hizo lo que se le indicó, e inmediatamente el oro comenzó a caer a sus pies; y comentó:
—Este será un buen truco para divertir a los muchachos del pueblo.
—¿Puedo irme ya? —preguntó el diablo, a lo que Iván respondió: —Con la bendición de Dios, puedes irte.
Al mencionar el nombre de Dios, el diablo desapareció en la tierra.