Español
Los hermanos, una vez terminadas sus casas, se mudaron a ellas y vivieron separados de su padre y de su hermano. Iván, cuando hubo terminado su labranza, hizo un gran banquete, al que invitó a sus hermanos, diciéndoles que tenía mucha cerveza para que bebieran. Sin embargo, los hermanos rechazaron la hospitalidad de Iván, diciendo: «Ya hemos visto la cerveza que beben los campesinos, y no la queremos».
Entonces Iván reunió a su alrededor a todos los campesinos de la aldea y con ellos bebió cerveza hasta emborracharse, cuando se unió al _Khorovody_ (una reunión callejera de los muchachos y muchachas del pueblo, que cantan canciones), y les dijo que debían cantar sus alabanzas, diciendo que a cambio les mostraría espectáculos como nunca antes habían visto en sus vidas. Las muchachas se rieron y comenzaron a cantar canciones alabando a Iván, y cuando terminaron dijeron: «Muy bien; ahora danos lo que dijiste que nos darías».
Iván respondió: «Pronto os lo mostraré», y, tomando un saco vacío en la mano, se dirigió al bosque. Las niñas se rieron y dijeron: «¡Qué tonto es!», y reanudando su juego, se olvidaron por completo de él.
Al cabo de un rato, Iván apareció de pronto entre ellas con el saco en la mano, ahora lleno.
«¿Lo divido con vosotras?», dijo.
«¡Sí; divide!», cantaron a coro.
Entonces Iván metió la mano en el saco y la sacó llena de monedas de oro, que esparció entre ellas.
«¡Batiushka!», gritaron mientras corrían a recoger las preciosas piezas.
Los mujiks aparecieron entonces en escena y comenzaron a pelearse entre sí por la posesión de los objetos amarillos. En la refriega, una anciana estuvo a punto de morir aplastada.
Iván se rió y se divirtió mucho al ver a tantas personas discutiendo por unas pocas monedas de oro.
“¡Oh! vosotros, duratchki” (pequeños tontos), dijo, “¿por qué casi le habéis quitado la vida a la viejecita? Sed más suaves. Tengo muchas más, y os las daré;” y con eso comenzó a arrojar más monedas. La gente se reunió a su alrededor, e Iván siguió arrojando monedas hasta vaciar su bolsa. Reclamaron más, pero Iván respondió: “El oro se ha acabado. En otra ocasión os daré más. Ahora reanudaremos nuestro canto y baile.” Los niños pequeños cantaron, pero Iván les dijo: “Vuestras canciones no son buenas.” Los niños dijeron: “Entonces muéstranos cómo cantar mejor.” A esto Iván respondió: “Os mostraré gente que canta mejor que vosotros.” Dicho esto, Iván fue al granero y, tomando un haz de paja, hizo como el diablillo le había indicado; y en seguida apareció un regimiento de soldados en la calle del pueblo, y les ordenó cantar y bailar. La gente quedó asombrada y no podía entender cómo Iván había hecho aparecer a aquellos desconocidos.
Los soldados cantaron durante un buen rato, para gran deleite de los aldeanos; y cuando Iván les ordenó detenerse, cesaron al instante.
Iván entonces les ordenó dirigirse al granero, diciendo a los asombrados y desconcertados mujiks que no debían seguirlo. Al llegar al granero, volvió a convertir a los soldados en paja y se fue a casa a dormir los efectos de su juerga.