Español
Los hermanos vivieron y reinaron. Simeón, el hermano mayor, con sus soldados de paja tomó cautivos a los soldados de verdad y adiestró a todos por igual. Todos le temían.
Tarras-Briukhan, el otro hermano, no derrochó el oro que obtuvo de Iván, sino que aumentó enormemente su riqueza, y al mismo tiempo vivía bien. Guardaba su dinero en grandes cofres y, aunque tenía más de lo que sabía qué hacer con ello, seguía cobrando dinero a sus súbditos. El pueblo tenía que trabajar para conseguir el dinero con el que pagar los impuestos que Tarras les exigía, y la vida se les volvió una carga.
Iván el Bobalicón no disfrutaba de su riqueza y poder en la misma medida que sus hermanos. Tan pronto como su suegro, el difunto Zar, fue enterrado, desechó las ropas imperiales que le habían correspondido y dijo a su esposa que las guardara, pues no les hallaba uso alguno. Tras haber dejado de lado las insignias de su rango, volvió a ponerse su ropa de campesino y empezó a trabajar como antaño.
«Me sentía solo», dijo, «y comencé a engordar enormemente, y sin embargo no tenía apetito, y tampoco podía dormir».
Iván mandó llamar a su padre, a su madre y a su hermana muda, y los trajo a vivir con él, y trabajaban con él en lo que él decidiera hacer.
Pronto la gente supo que Iván era un tonto. Su mujer le dijo un día: «La gente dice que eres un tonto, Iván».
«Bueno, que lo piensen si quieren», respondió él.
Su mujer reflexionó sobre esta respuesta durante algún tiempo, y al final decidió que si Iván era un tonto, ella también lo era, y que sería inútil ir en contra de su marido, pensando con cariño en el viejo proverbio de que «por donde va la aguja, va también el hilo». Por lo tanto, dejó a un lado sus magníficos vestidos y, guardándolos en el baúl junto con los de Iván, se vistió con ropa barata y se unió a su cuñada muda, con la intención de aprender a trabajar. Lo logró tan bien que pronto se convirtió en una gran ayuda para Iván.
Al ver que Iván era un necio, todos los sabios abandonaron el reino y solo quedaron los necios. No tenían dinero, y su riqueza consistía únicamente en los productos de su trabajo. Pero vivían en paz, se sustentaban con comodidad y tenían de sobra para los necesitados y afligidos.